12.24.2003
DESCANSO PACÍFICO TEMPORAL
Después de tanto caminar, y tomando en cuenta todo lo que falta aún, será necesario esperar que los zapatos vuelvan en sí, que respondan nuevamente. El par está tieso.
En este despabilado lugar. Las suelas quedaron atrás. Habrá que encontrar la manera de aprovechar los minutos, las horas, los días. Todo descanso pacífico temporal presenta una duración única, inigualable.
Los seres que habitan alrededor no aplican el verbo. Se comunican al margen de voces articuladas. Pero resultan sobremanera expresivos. Sin tener que moverse.
Unos ahí están, ascendentes y solitarios; siniestras protuberancias, características de los ámbitos desolados.
Las vastas presencias aisladas, amorfas derivaciones de esos relieves que el tiempo labra a la intemperie, por su parte, ofrecen sumas señales, lejos de la más mínima vibración, en el mayor esplendor de su dureza. Nada emite término alguno. No hay contenidos orales.
Los pocos semejantes que circulan a la vista, serenos, dispersos, sólo abren la boca para alimentarse. Las palabras son innecesarias. Más que excesivas, al pronunciarse resultarían estrafalarias.
No hay extravagancia aquí. Emplear oralidad es prescindible. Cualquier intento de articulación sucumbe ante el silencio del casi nulo desenvolvimiento vegetal, frente a la conformación abstracta mineral, ante la circundante desnudez.
El habla constituye vestimenta no hecha a la medida de las ondas que conforman el ambiente, un tipo de ropaje discordante, embarazoso, inane.
De ser puesta en práctica, el habla desentonaría de inmediato; irrumpiera la armonía molecular, la diaria placidez con que la naturaleza hilvana su establecimiento. El desarrollo del medio natural jamás ha procedido con base en fórmulas verbales. Para recorrer los ejes de la existencia pura no es necesario hablar. Tampoco lo es siempre, por ejemplo, para sobrevivir.
Ahora transcurre cierto periodo desértico. Mañana, tal vez, haya diversas coloraciones bajo los pies, variadas tonalidades vegetativas. Hoy sólo la lividez del verde glorifica diseminados núcleos energéticos y agregados ambulantes. Al interior de algunas áreas, el suelo se pierde en el extremo de su propio desvaimiento.
Todo circula en derredor de una idea. De una sola idea: Concatenación exclusivamente operativa; total actividad, por encima de cualquier imagen. Nada vale por cuestiones de estructura.
Lo de menos es la forma. Lo importante es la función. Conviene considerar que aquí los enlaces proceden en el plano de lo metafísico, en el del reconocimiento implícito y puro. El peso de los hechos es mayor que el de las formas.
Después de tanto caminar, y tomando en cuenta todo lo que falta aún, será necesario esperar que los zapatos vuelvan en sí, que respondan nuevamente. El par está tieso.
En este despabilado lugar. Las suelas quedaron atrás. Habrá que encontrar la manera de aprovechar los minutos, las horas, los días. Todo descanso pacífico temporal presenta una duración única, inigualable.
Los seres que habitan alrededor no aplican el verbo. Se comunican al margen de voces articuladas. Pero resultan sobremanera expresivos. Sin tener que moverse.
Unos ahí están, ascendentes y solitarios; siniestras protuberancias, características de los ámbitos desolados.
Las vastas presencias aisladas, amorfas derivaciones de esos relieves que el tiempo labra a la intemperie, por su parte, ofrecen sumas señales, lejos de la más mínima vibración, en el mayor esplendor de su dureza. Nada emite término alguno. No hay contenidos orales.
Los pocos semejantes que circulan a la vista, serenos, dispersos, sólo abren la boca para alimentarse. Las palabras son innecesarias. Más que excesivas, al pronunciarse resultarían estrafalarias.
No hay extravagancia aquí. Emplear oralidad es prescindible. Cualquier intento de articulación sucumbe ante el silencio del casi nulo desenvolvimiento vegetal, frente a la conformación abstracta mineral, ante la circundante desnudez.
El habla constituye vestimenta no hecha a la medida de las ondas que conforman el ambiente, un tipo de ropaje discordante, embarazoso, inane.
De ser puesta en práctica, el habla desentonaría de inmediato; irrumpiera la armonía molecular, la diaria placidez con que la naturaleza hilvana su establecimiento. El desarrollo del medio natural jamás ha procedido con base en fórmulas verbales. Para recorrer los ejes de la existencia pura no es necesario hablar. Tampoco lo es siempre, por ejemplo, para sobrevivir.
Ahora transcurre cierto periodo desértico. Mañana, tal vez, haya diversas coloraciones bajo los pies, variadas tonalidades vegetativas. Hoy sólo la lividez del verde glorifica diseminados núcleos energéticos y agregados ambulantes. Al interior de algunas áreas, el suelo se pierde en el extremo de su propio desvaimiento.
Todo circula en derredor de una idea. De una sola idea: Concatenación exclusivamente operativa; total actividad, por encima de cualquier imagen. Nada vale por cuestiones de estructura.
Lo de menos es la forma. Lo importante es la función. Conviene considerar que aquí los enlaces proceden en el plano de lo metafísico, en el del reconocimiento implícito y puro. El peso de los hechos es mayor que el de las formas.
12.18.2003
AMARRES
Los complejos son espejos amarrados al cuerpo.
Los complejos son espejos amarrados al cuerpo.
12.17.2003
PARQUE PARQUEDAD
En condiciones como éstas se puede decir muy poco. Lo elemental. Al interior de una zona donde las formas no cambian. Resulta imposible expresar demasiado.
Muy pocas cosas ofrecen nombre. Una manufactura oxidada y un recipiente incoloro, entre otras. No hay suficientes términos al alcance, definiciones clasificadas. ¿Habrá variación más allá? Aquí, la mayoría de los signos guarda envolvimiento.
Sería apropiado unirse al ámbito del decoro, adoptando una postura totalmente contemplativa. Nada excepcional es viable proferir. Ninguna cuestión trascendente. Probablemente lo mejor fuera permanecer en espera de un nuevo motivo para pensar en hablar.
Trasladar palabras al marco de la luz es milagroso. Al papel o al ordenador. Recurrir a la luz cibernética o a la de algunas velas termina siendo un desfasado rito, una celebración estropeada. Recurrir a la del foco es lo mismo. Las formas desaparecen en un espiral de complejos y tóxicos gases. Circula fuera de control la tinta sobre el folio, libre de patrones como libre de químicos está la sangre de los rehabilitados.
Un cuaderno de mínimas proporciones pierde una hoja cada vez que alguien lo abre sin un verdadero propósito de escribir.
Los términos o, mejor dicho, los vocablos están tan lejos como la punta de los dedos. En el teclado. Ahí están todos. Todos esos términos posibles. Pero, por qué tan lejos. Qué significa esta distancia, este intervalo descomunal: ¿la longitud menos precisa, más variable? o ¿una marca mundial? Tal vez, cierta disposición socrática.
Qué cautivador. Este maldito expositor cree que puede desarrollar un comportamiento socrático, asimilar la realidad con empeño, con entusiasmo. Ni siquiera puede hacerlo cabalmente. Figuraciones. Será conveniente desempolvar un poco la superficie mental, tan plana como un disco o una libreta; más aún como un disco descargado o una libreta en blanco.
No existe suma significación cerca. Lejos, quizá sí. En el fondo de todo esto hay escasa luminosidad, escasos motores, un brillo intermitente, cierta incandescencia funesta que aminora gradualmente.
Bueno fuese ponerle una mordaza a este expositor y esposarlo. Acabar con él, en pocas palabras; con el muy inepto, con esa actitud tan tediosa que lo caracteriza. Alguien debería suprimirlo, de inmediato.
En condiciones como éstas se puede decir muy poco. Lo elemental. Al interior de una zona donde las formas no cambian. Resulta imposible expresar demasiado.
Muy pocas cosas ofrecen nombre. Una manufactura oxidada y un recipiente incoloro, entre otras. No hay suficientes términos al alcance, definiciones clasificadas. ¿Habrá variación más allá? Aquí, la mayoría de los signos guarda envolvimiento.
Sería apropiado unirse al ámbito del decoro, adoptando una postura totalmente contemplativa. Nada excepcional es viable proferir. Ninguna cuestión trascendente. Probablemente lo mejor fuera permanecer en espera de un nuevo motivo para pensar en hablar.
Trasladar palabras al marco de la luz es milagroso. Al papel o al ordenador. Recurrir a la luz cibernética o a la de algunas velas termina siendo un desfasado rito, una celebración estropeada. Recurrir a la del foco es lo mismo. Las formas desaparecen en un espiral de complejos y tóxicos gases. Circula fuera de control la tinta sobre el folio, libre de patrones como libre de químicos está la sangre de los rehabilitados.
Un cuaderno de mínimas proporciones pierde una hoja cada vez que alguien lo abre sin un verdadero propósito de escribir.
Los términos o, mejor dicho, los vocablos están tan lejos como la punta de los dedos. En el teclado. Ahí están todos. Todos esos términos posibles. Pero, por qué tan lejos. Qué significa esta distancia, este intervalo descomunal: ¿la longitud menos precisa, más variable? o ¿una marca mundial? Tal vez, cierta disposición socrática.
Qué cautivador. Este maldito expositor cree que puede desarrollar un comportamiento socrático, asimilar la realidad con empeño, con entusiasmo. Ni siquiera puede hacerlo cabalmente. Figuraciones. Será conveniente desempolvar un poco la superficie mental, tan plana como un disco o una libreta; más aún como un disco descargado o una libreta en blanco.
No existe suma significación cerca. Lejos, quizá sí. En el fondo de todo esto hay escasa luminosidad, escasos motores, un brillo intermitente, cierta incandescencia funesta que aminora gradualmente.
Bueno fuese ponerle una mordaza a este expositor y esposarlo. Acabar con él, en pocas palabras; con el muy inepto, con esa actitud tan tediosa que lo caracteriza. Alguien debería suprimirlo, de inmediato.
12.10.2003
METARREALIDAD
Vivir en un estado meta-real. Correr en el contexto de la meta-realidad. Algunas veces, a menudo o siempre. Rinde perspectivas neutras. Es recomendable, terapéutico.
Salir de la propia constitución referencial y rodearla. Significa situarse al margen de lo que uno mismo suma con aspectos como nombre, edad, ocupación u oficio, sexo, pasatiempo, ideología.
El significado de un ser en particular tiene posibilidades de mantenerse en pie más allá de la presencia de dicho ser e inclusive allende su vigencia existencial.
Un individuo puede jugar con la significación de su establecimiento como sujeto, separarse de ella, hacer un análisis de la misma, sopesarla, atribuirle ciertas virtudes, ciertos inconvenientes.
Algunos autores (como Enrique Vila-Matas) juegan con la postura del narrador, haciéndola saltar ocasionalmente la frontera entre ficción y realidad.
Abandonar a solas, o en conjunto con quien sea, el orden de la propiedad personal viene siendo un ejercicio que genera una bifurcación adecuada para el autoconocimiento a distancia tanto como para compartir la asimilación de los velos referenciales.
En tales condiciones resulta viable que uno le hable al ser que proyecta la singularidad propia. Igualmente procede un diálogo con el prójimo sobre él mismo, en tercera persona.
Descorrer el velo de las referencias personales, apartarse de él y volverlo a correr. Es conveniente. Penetrar la dimensión de la neutralidad ondulatoria. Reconforta.
Desde el seno de los ángulos neutrales llega a percibirse un espectáculo fundamental: el que resulta de las participaciones capsuladas en una nube de civilidad.
Vivir en un estado meta-real. Correr en el contexto de la meta-realidad. Algunas veces, a menudo o siempre. Rinde perspectivas neutras. Es recomendable, terapéutico.
Salir de la propia constitución referencial y rodearla. Significa situarse al margen de lo que uno mismo suma con aspectos como nombre, edad, ocupación u oficio, sexo, pasatiempo, ideología.
El significado de un ser en particular tiene posibilidades de mantenerse en pie más allá de la presencia de dicho ser e inclusive allende su vigencia existencial.
Un individuo puede jugar con la significación de su establecimiento como sujeto, separarse de ella, hacer un análisis de la misma, sopesarla, atribuirle ciertas virtudes, ciertos inconvenientes.
Algunos autores (como Enrique Vila-Matas) juegan con la postura del narrador, haciéndola saltar ocasionalmente la frontera entre ficción y realidad.
Abandonar a solas, o en conjunto con quien sea, el orden de la propiedad personal viene siendo un ejercicio que genera una bifurcación adecuada para el autoconocimiento a distancia tanto como para compartir la asimilación de los velos referenciales.
En tales condiciones resulta viable que uno le hable al ser que proyecta la singularidad propia. Igualmente procede un diálogo con el prójimo sobre él mismo, en tercera persona.
Descorrer el velo de las referencias personales, apartarse de él y volverlo a correr. Es conveniente. Penetrar la dimensión de la neutralidad ondulatoria. Reconforta.
Desde el seno de los ángulos neutrales llega a percibirse un espectáculo fundamental: el que resulta de las participaciones capsuladas en una nube de civilidad.
12.05.2003
GERMINAL
Un texto breve, simplemente. Una minucia al servicio de la palabra. Nada similar a una alfombra. Un texto breve, simplemente; dispuesto como un inherente tapete.
Un texto breve, simplemente. Una minucia al servicio de la palabra. Nada similar a una alfombra. Un texto breve, simplemente; dispuesto como un inherente tapete.
FONDO
La textura es la profundidad del texto.
La textura es la profundidad del texto.
POSTURAS CLASIFICADAS
El pájaro es artístico. La hiena, filosófica. Los cantos entrañan arte, la risa filosofía. Por encima de los menesteres, el talante define la forma.
El pájaro es artístico. La hiena, filosófica. Los cantos entrañan arte, la risa filosofía. Por encima de los menesteres, el talante define la forma.