9.30.2003

FINAL

Si Jack Kerouac hubiese escrito en computadora, En el camino no tendría final.
¿AMANECER?

¿Qué sucedería durante las horas de sueño? Hoy algunas uñas de las manos lucen rotas, astilladas; y la piel debajo de ellas, desgarrada. Ayer todo era diferente: pleno, claro, luminoso. Ahora la visión causa dolor. Algunos dedos (pocos, por fortuna) están fuera de movimiento, paralizados, y la cicatriz ubicada entre el ojo y la ceja del lado izquierdo ha cobrado suma acentuación. ¿Por qué amanecería descompuesto el oído derecho, tapado? Algo raro sucedió: una invasión secreta, un ataque discreto, tal vez; aunque a cloroformo no huele, ni a éter. Aparentemente, no existen rastros de algún anestésico. Es imposible saber qué pasó en realidad. El mordisco ocasionado en el índice izquierdo hace unos días por un pequeño animal doméstico, duele más que cuando este tremendo mamífero “irracional” recién lo propinó. Sería bueno, conveniente, caminar y salir de aquí, pero las plantas de los pies han perdido sensibilidad y las rodillas, al parecer, están rotas. Es necesario arrastrarse, sobre una alfombra rasgada que raspa. Las cobijas y el papel tapiz, por cierto, también ofrecen rasgones, rasgos de violencia. En fin… Lo que más afecta son los dolores corporales. Parece que el corazón y otros órganos comienzan a descomponerse, a caducar. ¿Qué ocurre? La atmósfera asfixia. Los ánimos mueren ¿Será que el sueño reina aún?

9.29.2003

Consulta

¿Cómo caería algo que se llamase blogoborges?

9.28.2003

Crudo

Qué suero ni qué café, qué coca cola ni qué báyer, que toque ni que la chingada: el mejor recurso para vencer la resaca (mejor incluso que volver a beber alcohol) es eso que se llama diálogo. ¿Por qué? ¿Por qué será? Porque hace olvidarla. La resaca se disuelve en el olvido, durante una conversación con quien sea.

Sí, es cierto: hay crudas o resacas que aparentemente impiden proferir término alguno; crudas o resacas que absorben el ánimo y eliminan una gran cantidad de neuronas. Pero cuando realmente se padece el malestar que viene después de la embriaguez, es cuando la persona afectada está despierta, (dentro de lo que cabe) consciente; y mientras haya conciencia, en este sentido, resulta posible parlar.

Con cierta habilidad para mover la lengua y unas cuantas neuronas existe la posibilidad de articular sonidos (siempre y cuando no se haya perdido la voz en la algarabía nocturna, hablando de crudas) ¿Cómo sería imposible hablar si la resaca no paraliza el órgano con el cual se articula, la lengua?

El diálogo es medicinal. Proporciona determinado bienestar, en ciertas ocasiones; y en otras, simplemente demasiado. Las palabras son como gotas que suplen cualquier gota de suero, de café, de “droga cola”; cualquier tableta o pastilla marca báyer, cualquier estela de humo enervante (de coca –no cola sino pura--, crystal, marihuana…) Las palabras sanan en el seno de las peores situaciones. Por sí solos, los vocablos construyen una alternativa ante la cual lo demás no importa.

Hay que intentarlo. Afuera los gritos, afuera de la existencia. Es necesario botar la necesidad de gritar en esos momentos en que gobierna el dolor. Es preferible activar el habla y avanzar (lo que quiere decir: no quedar estancado o estancada en la impotencia) Del clásico “ay” que se expresa cuando la pena domina (y que termina siendo una prueba de que se puede decir algo, porque es una expresión académica, como cualquier palabra oficial), conviene pasar al “qué sigue” o al “y ahora qué”.

9.26.2003

Al calor de los medios, la familia humana sueña con el beso terrenal de la inmortalidad.

9.19.2003

Ortografía para las lenguas del camino

Los cruces en el camino, los encuentros circunstanciales con presencias desconocidas, no sólo alientan el cambio de una mirada por otra, sino también el de un signo por otro. El punto donde coinciden dos directrices de pasos, dos recorridos existenciales, puede llevar a la reconfiguración de las partes involucradas.

Parte de la lengua propia queda atrás poco después de suscitarse algún encuentro imprevisto, mas no rechazado; y un vocabulario nuevo (en el sentido personal), una serie de voces novedosas, brota a la manera de un discurso natural, espontáneo.

El conjunto de sonidos adoptados durante una coincidencia vial --de sonidos y señales varias-- resta brillo a aquel vocabulario primigenio con el que expresiones integrales fueron proferidas. Sobre los caminos cobra forma determinada elasticiad ortográfica.

Luego de ciertos intercambios comunicativos, las letras abandonan la categoría de monofonéticas. Dentro de combinaciones en estado consonante, encuentran determinadas tonalidades; y por separado, otras; dándose una dualidad similar en el caso de las vocales. Las letras son elásticas y el lenguaje humano (o “logos”, como Aristóteles lo llamaba) constituye un medio ilimitado, un recurso constantemente renovable.

Para el aire siempre ha habido muy pocas puertas cerradas. La voz sublime del planeta, el elemento necesario para la circulación histórica, para la construcción de los ambientes donde desfila la esencia vital, hablando de todos los seres vivos, palpita en todas partes.

El aire viene constituyendo la historia de todas las voces. En él las lenguas se renuevan. Al aire libre, es posible escuchar el sonido auténtico del tiempo, del paso que han dado y que dan las criaturas planetarias. La historia es aérea.

9.13.2003

Salir

Tal vez sea momento de ejercer un viaje a cucharadas, por el mar de los sabores enervantes, un desplazamiento a remo con cuchara, y salir del mundo.

9.12.2003

natural
En efecto...
Diario ir y venir

Recorrer el camino al trabajo implica integrarse a un medio donde no existe tiempo para pensar en lo que va quedando atrás. Si el joven que no pudo abrir la puerta trasera del taxi de enfrente, un joven que se deja poseer por la desesperación tanto como por un nerviosismo entorpecedor disfrazado de despreocupación… Si ese atolondrado joven, al no poder abrir la puerta, al fracasar en el intento de salir como es debido, sale por la ventana (rectangular) que incluye la puerta y cae de boca contra el pavimento, comenzando a sangrar inmediatamente, no importa: esto sucede como cualquier otra cosa puede ocurrir (un embarazo, lo que sea), y nada es posible hacer al respecto, porque el tránsito vehicular ha de seguir en proceso, porque el taxi donde va el espectador circula nuevamente, dejando atrás la camioneta donde iba el joven en cuestión.

Si el mismo espectador, desde el interior del taxi, ve a continuación cómo un delincuente roba a mano armada el dinero de un anciano que estaba a punto de ingresar al banco, tampoco importa, ya que nada es posible hacer respecto de tan desafortunada situación. El taxi sigue circulando. El trabajo, además, está esperando. Hay que pensar en las llamadas telefónicas próximas a hacerse, en los pretextos que habrá que sostener ante un interrogatorio cotidiano referente a la forma de administrar un negocio. Cada quien administra de acuerdo con lo que dicta la experiencia más que con lo que puede sugerir la teoría. Pero, en fin…

Sólo resulta viable apreciar las historias de la vida diaria cual si fueran fotos de revista, como si se hojeara una publicación circunstancial en espera de la celebración de una consulta médica, o aguardando el turno en la peluquería. Con la mente fija en lo que puede venir, no en aquello que sucede dentro de la categoría temporal conocida como presente; no atendiendo verdaderamente el sentido de las imágenes impresas o de los sucesos circundantes. Después de la consulta, puede pensarse en cualquier cosa; después del corte de cabello… Luego de haber llegado a la oficina. El joven que se cayó del taxi realmente fue un imbécil, no supo usar las manos: en una de ellas traía un paquete que no deseaba soltar; lo hubiera dejado en el asiento con el fin de tomarlo una vez que bajara del vehículo, de todos modos éste no se iría porque primero era preciso pagar. El anciano inmiscuido en el asalto, jugando el papel de víctima, también resultó ser un imbécil, por distraído y por confiado. En estos tiempos, el respeto urbano fluye subterráneamente, por las cañerías, yéndose al abismo.

Camino al trabajo, el ambiente es borroso; presenta una distorsión similar a la que ofrecen los cuadros impresionistas. Las formas que son percibidas llegan a pesar muy poco en el contexto memorístico. Pero después de la jornada laboral, de regreso a casa, los objetos brillan, las personas, los matices celestiales. Lo formal adopta cierta configuración cubista, incluso; cada forma muestra varios lados a la vez, invitando a quien observa a sumergirse en el fondo de la cotidianidad urbana.

9.03.2003

Como la primera vez

Gimiendo con cierto recato, adentro de un autom?vil austero, al margen del ruido de la ciudad, estilo década de los ochenta, pensando en el fin del mundo. Me gusta coger como animalito, sin realizar faramallas adicionales, ejerciendo un acoplamiento total.

Adoro encapsularme con la pareja en una perfecta burbuja sexual, inquebrantable, constituida s?lo por movimientos equilibrados, armoniosos (en ning?n sentido dr?sticos) Adem?s de fantasear, a la gente le encanta experimentar, moverse sin sentido, romper con lo natural.

El ser humano no conoce la satisfacci?n. A m? me gusta el sexo natural, el animal. Me es indiferente el sexo fant?stico, aquel que practican las personas que se valen de accesorios para experimentar un alto grado de placer.

Al diablo con los accesorios, con los objetos que sirven como sustitutos de las partes originales del cuerpo durante la pr?ctica sexual. Vamos a coger a pelo, al natural, como primitivos, con la inocencia del adolescente que fuma mota por primera vez.

Jon?s, de Plastilina Mosh, dice que cada vez que el grupo realiza un disco, lo hace como si fuera el primer disco que realizara (con el fin de no caer en la sugesti?n que llega a experimentarse cuando se trata de superar algo) Cada quien graba m?sica como m?s le place (si es que no es un ser vendido) y cada quien practica sexo de la manera que m?s se le antoja.

En fin… Hacer el amor con la inocencia de un adolescente y no con la experiencia de un adulto lleva a la experimentaci?n garantizada de un auténtico placer, de una sensaci?n en todo caso novedosa. !Viva la inocencia, m?s que la virginidad!

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