3.31.2003
Carne muerta
Percibir animales fuera de su contexto natural resulta en ciertos casos comprensible. Percibirlos en un zoológico, en una veterinaria, adentro de la casa del vecino o de la propia (donde bien pueden entrar algunas aves por error); contemplarlos en un programa de televisión en vivo, en páginas de numerosos libros... Es, hasta cierto punto, normal. Pero verlos formar parte de un ataque bélico, de un ataque bélico verdadero, provoca decepción.
Desde los perros que la autoridad policial usa en fronteras y aeropuertos, con el fin de detectar estupefacientes, hasta las palomas, los pollos y delfines que están siendo empleados para localizar explosivos ("a una distancia prudencial", se dice) en el ataque que Estados Unidos lleva a cabo contra Irak, ningún animal merece ser expuesto al peligro, al infortunio; ninguno merece una vida mecanizada y de algún modo opresiva.
Es impresionante lo que determinados libros relatan sobre animales. Hablando de "The Great Alone" de Janet Dailey, impacta la muerte de innumerables nutrias ocasionada por los primeros rusos que poblaron Alaska, transcurriendo el siglo XVIII, mismos que igualmente conquistaron a los nativos del territorio, los aleutianos. Con respecto al clásico "Old Man and the Sea", de Ernest Hemingway, termina siendo admirable (a la vez que conmovedora) la firme y prolongada lucha que el pez protagónico, un descomunal pez espada, sostiene contra Santiago, el hombre protagónico, un viejo pescador cubano.
Ambas novelas norteamericanas (corta la de Hemingway y extra larga la de Dailey) refieren sucesos impactantes, violentos; mas no intolerables. El relato es narrativo, no es imagen plena de lo real; puede considerarse una idea acerca de la realidad, aunque muy lejos está de ser registro puro de la realidad. De hecho, a pesar de que "The Great Alone" sea una obra apoyada en hechos históricos, no tiene que ver con un tratado historiográfico; es simplemente una novela.
Desafortunadamente, lo que dicen los diarios no tiene forma de ficción. Estados Unidos mandó cuarenta y tres gallinas al campo de batalla, adiestradas para la detección de agentes químicos; sin embargo, al llegar a Kuwait, al cuartel central de regimiento, murieron todas excepto dos. Ahora cuarenta y tres palomas las reemplazan.
Que ciertos animales, en situaciones accidentales, ayuden al ser humano a rescatar gente, no corresponde con una cuestión antinatural plena, ya que por naturaleza los animales que regularmente auxilian en los rescates pueden desplazarse sin mucha dificultad dentro de las áreas donde son requeridos, reflejando además una intención elemental de auxilio. Pero que un animal sea utilizado con fines militares es inaceptable y contranatural. Un animal militar, de antemano, puede considerarse carne muerta, porque su función equivale a la de un escudo contra explosivos y contaminantes químicos.
Percibir animales fuera de su contexto natural resulta en ciertos casos comprensible. Percibirlos en un zoológico, en una veterinaria, adentro de la casa del vecino o de la propia (donde bien pueden entrar algunas aves por error); contemplarlos en un programa de televisión en vivo, en páginas de numerosos libros... Es, hasta cierto punto, normal. Pero verlos formar parte de un ataque bélico, de un ataque bélico verdadero, provoca decepción.
Desde los perros que la autoridad policial usa en fronteras y aeropuertos, con el fin de detectar estupefacientes, hasta las palomas, los pollos y delfines que están siendo empleados para localizar explosivos ("a una distancia prudencial", se dice) en el ataque que Estados Unidos lleva a cabo contra Irak, ningún animal merece ser expuesto al peligro, al infortunio; ninguno merece una vida mecanizada y de algún modo opresiva.
Es impresionante lo que determinados libros relatan sobre animales. Hablando de "The Great Alone" de Janet Dailey, impacta la muerte de innumerables nutrias ocasionada por los primeros rusos que poblaron Alaska, transcurriendo el siglo XVIII, mismos que igualmente conquistaron a los nativos del territorio, los aleutianos. Con respecto al clásico "Old Man and the Sea", de Ernest Hemingway, termina siendo admirable (a la vez que conmovedora) la firme y prolongada lucha que el pez protagónico, un descomunal pez espada, sostiene contra Santiago, el hombre protagónico, un viejo pescador cubano.
Ambas novelas norteamericanas (corta la de Hemingway y extra larga la de Dailey) refieren sucesos impactantes, violentos; mas no intolerables. El relato es narrativo, no es imagen plena de lo real; puede considerarse una idea acerca de la realidad, aunque muy lejos está de ser registro puro de la realidad. De hecho, a pesar de que "The Great Alone" sea una obra apoyada en hechos históricos, no tiene que ver con un tratado historiográfico; es simplemente una novela.
Desafortunadamente, lo que dicen los diarios no tiene forma de ficción. Estados Unidos mandó cuarenta y tres gallinas al campo de batalla, adiestradas para la detección de agentes químicos; sin embargo, al llegar a Kuwait, al cuartel central de regimiento, murieron todas excepto dos. Ahora cuarenta y tres palomas las reemplazan.
Que ciertos animales, en situaciones accidentales, ayuden al ser humano a rescatar gente, no corresponde con una cuestión antinatural plena, ya que por naturaleza los animales que regularmente auxilian en los rescates pueden desplazarse sin mucha dificultad dentro de las áreas donde son requeridos, reflejando además una intención elemental de auxilio. Pero que un animal sea utilizado con fines militares es inaceptable y contranatural. Un animal militar, de antemano, puede considerarse carne muerta, porque su función equivale a la de un escudo contra explosivos y contaminantes químicos.
3.20.2003
Bombas sobre Bagdad
Es reprobable la actitud del presidente Bush cuando define su postura ante la guerra que él mismo ha ocasionado entre su país e Irak, un conflicto que involucra a otros países (a favor de Estados Unidos)
Comportándose como si fuera un héroe imprescindible, un supremo protector del mundo, y ofreciendo discursos según él preventivos, según él a favor de la seguridad mundial (seguridad que en gran parte sus propias acciones corrompen), el mandatario norteamericano llega al extremo del cinismo refinado; recurre a la actuación en tiempos de inseguridad pública y global.
Asimismo, resulta absurdo el hecho de que George W. Bush amenace con castigar jurídicamente a quienes destruyan oleoductos o a cualquier contrincante de Norteamerica que active armas de destrucción masiva (esto es, a quienes rompan las reglas del enfrentamiento bélico) cuando él mismo ha roto las reglas de la diplomacia al decidir atacar a Irak independientemente de las recomendaciones de la O. N. U. de evitar la guerra. Prácticamente, George Bush hizo a un lado a Naciones Unidas y a casi todo el mundo, en su camino hacia el campo de batalla (un campo de batalla virtual en el caso de Bush, ya que éste llegó a la guerra sin pisar la zona de conflicto)
Es preferible apreciar la actuación de cualquier cantante norteño enfocado a los narcocorridos (es preferible escuchar, incluso, a un narcotraficante cantando) que prestar atención a los discursos del Presidente estadounidense (quien muestra señales de ser un hipócrita criminal), no por razones musicales particularmente sino porque a pesar de que algunos intérpretes de narcocorridos son igualmente narcotraficantes (violentos y criminales), por lo menos hacen algo constructivo al entonar, grabar y ofrecer al público canciones.
Puede ser motivo de admiración una muestra de sensibilidad refinada proveniente de algún individuo con fama de ser violento, un individuo parecido a lo que fue Chalino Sánchez (personaje público asesinado hace unos años y quien, además de ser famoso por desempeñarse como cantante de música norteña, supuestamente fue contrabandista) Viene siendo admirable, también, la obra de algunos cantantes de rap gangsteril, en quienes se aprecia (con respecto a talante) una combinación sorprendente de violencia y sensibilidad, tanto como una intención de ofrecer valores constructivos (música) a la sociedad.
Lo que de ninguna manera puede admitirse, algo que es totalmente hiriente y psicológicamente devastador, es el cinismo refinado de un asesino "intelectual" masivo (un enemigo del mundo) encaprichado con la idea de sembrar terror en el planeta. Las acciones de Bush son deplorables. Y a la vez, su cinismo es la actitud más destructiva que puede existir sobre la Tierra.
Es reprobable la actitud del presidente Bush cuando define su postura ante la guerra que él mismo ha ocasionado entre su país e Irak, un conflicto que involucra a otros países (a favor de Estados Unidos)
Comportándose como si fuera un héroe imprescindible, un supremo protector del mundo, y ofreciendo discursos según él preventivos, según él a favor de la seguridad mundial (seguridad que en gran parte sus propias acciones corrompen), el mandatario norteamericano llega al extremo del cinismo refinado; recurre a la actuación en tiempos de inseguridad pública y global.
Asimismo, resulta absurdo el hecho de que George W. Bush amenace con castigar jurídicamente a quienes destruyan oleoductos o a cualquier contrincante de Norteamerica que active armas de destrucción masiva (esto es, a quienes rompan las reglas del enfrentamiento bélico) cuando él mismo ha roto las reglas de la diplomacia al decidir atacar a Irak independientemente de las recomendaciones de la O. N. U. de evitar la guerra. Prácticamente, George Bush hizo a un lado a Naciones Unidas y a casi todo el mundo, en su camino hacia el campo de batalla (un campo de batalla virtual en el caso de Bush, ya que éste llegó a la guerra sin pisar la zona de conflicto)
Es preferible apreciar la actuación de cualquier cantante norteño enfocado a los narcocorridos (es preferible escuchar, incluso, a un narcotraficante cantando) que prestar atención a los discursos del Presidente estadounidense (quien muestra señales de ser un hipócrita criminal), no por razones musicales particularmente sino porque a pesar de que algunos intérpretes de narcocorridos son igualmente narcotraficantes (violentos y criminales), por lo menos hacen algo constructivo al entonar, grabar y ofrecer al público canciones.
Puede ser motivo de admiración una muestra de sensibilidad refinada proveniente de algún individuo con fama de ser violento, un individuo parecido a lo que fue Chalino Sánchez (personaje público asesinado hace unos años y quien, además de ser famoso por desempeñarse como cantante de música norteña, supuestamente fue contrabandista) Viene siendo admirable, también, la obra de algunos cantantes de rap gangsteril, en quienes se aprecia (con respecto a talante) una combinación sorprendente de violencia y sensibilidad, tanto como una intención de ofrecer valores constructivos (música) a la sociedad.
Lo que de ninguna manera puede admitirse, algo que es totalmente hiriente y psicológicamente devastador, es el cinismo refinado de un asesino "intelectual" masivo (un enemigo del mundo) encaprichado con la idea de sembrar terror en el planeta. Las acciones de Bush son deplorables. Y a la vez, su cinismo es la actitud más destructiva que puede existir sobre la Tierra.
3.15.2003
El lado amable de la ley
La ley es amable. Desde la formalidad textual patente en muchos códigos legales así como en los documentos constitucionales, hasta el trato que la mayoría de los oficiales de tránsito y demás policías ofrecen a manera de introducción dialogal, la ley se manifiesta clara y respetuosa. Que en ocasiones intervenga con excesiva agresividad tiene que ver con ocasiones excepcionales. Que a veces proyecte prepotencia pura corresponde con ciertas particularidades, constatables, por ejemplo, en la personalidad o el temperamento propios de algunos de sus representantes.
Constantemente es viable escuchar mensajes expresados con apoyo de altavoz, en cualquier punto de la ciudad, sobre todo en horas nocturnas. Frases como "por favor, pare el vehículo" u "oríllese, caballero, por favor" son escuchadas con frecuencia. El ruido de las calles de pronto se impregna de formalismos judiciales, de indicaciones o instrucciones (por no decir órdenes) elementales e inofensivas.
Pero la amabilidad no es permanente. Una vez dentro de la patrulla, el detenido (el sujeto capturado por la autoridad) comienza a ver borroso su destino; comienza a percibir el lado turbio de la ley. Y la borrosidad incluye por lo regular constituyentes muy diversos: insultos en abundancia o, mejor dicho, en exceso; desprecio; actitudes cerradas, intratables; gritos innecesarios e inesperados, que luego se vuelven normalidad, y golpes o puñetazos "al por mayor": una dotación de ofensas vastas, un surtido atroz. Desgraciadamente, la ley sólo es amable en teoría.
La ley es amable. Desde la formalidad textual patente en muchos códigos legales así como en los documentos constitucionales, hasta el trato que la mayoría de los oficiales de tránsito y demás policías ofrecen a manera de introducción dialogal, la ley se manifiesta clara y respetuosa. Que en ocasiones intervenga con excesiva agresividad tiene que ver con ocasiones excepcionales. Que a veces proyecte prepotencia pura corresponde con ciertas particularidades, constatables, por ejemplo, en la personalidad o el temperamento propios de algunos de sus representantes.
Constantemente es viable escuchar mensajes expresados con apoyo de altavoz, en cualquier punto de la ciudad, sobre todo en horas nocturnas. Frases como "por favor, pare el vehículo" u "oríllese, caballero, por favor" son escuchadas con frecuencia. El ruido de las calles de pronto se impregna de formalismos judiciales, de indicaciones o instrucciones (por no decir órdenes) elementales e inofensivas.
Pero la amabilidad no es permanente. Una vez dentro de la patrulla, el detenido (el sujeto capturado por la autoridad) comienza a ver borroso su destino; comienza a percibir el lado turbio de la ley. Y la borrosidad incluye por lo regular constituyentes muy diversos: insultos en abundancia o, mejor dicho, en exceso; desprecio; actitudes cerradas, intratables; gritos innecesarios e inesperados, que luego se vuelven normalidad, y golpes o puñetazos "al por mayor": una dotación de ofensas vastas, un surtido atroz. Desgraciadamente, la ley sólo es amable en teoría.
3.12.2003
"Speedy"-tú-"all"
Cuando la puerta se abre sola grita "ya llegué". Las luces de esta ciudad son del siglo pasado; las de la ciudad de enfrente, del futuro. Pero la ciudad de enfrente carece de entrada. Los términos nuevos no terminan de decir que nada nuevo hay que decir.
En el desierto hay una frutería oculta, un batallón de frutas malditas (podría decirse, asesinas), estratégicamente disperso. Maldición es lo mismo que hechizo.
Aparte de maldición, hechizo también significa producto confeccionado fuera de fábrica, fabricación auténtica. Auténtico resulta ser sinónimo de poderoso.
La naturaleza es asesina. No existe un lugar adecuado para nacer en el mundo y fuera del mundo los embarazos están suspendidos. Las dudas son verdes.
No deja de ser imposible dormir sin soñar con el fin del sueño, porque cada día el tiempo pesa menos. La historia se reduce a una estampa deteriorada donde podía leerse el futuro. Hace unas horas, por cierto, los ritmos pasaron de moda.
Cuando la puerta se abre sola grita "ya llegué". Las luces de esta ciudad son del siglo pasado; las de la ciudad de enfrente, del futuro. Pero la ciudad de enfrente carece de entrada. Los términos nuevos no terminan de decir que nada nuevo hay que decir.
En el desierto hay una frutería oculta, un batallón de frutas malditas (podría decirse, asesinas), estratégicamente disperso. Maldición es lo mismo que hechizo.
Aparte de maldición, hechizo también significa producto confeccionado fuera de fábrica, fabricación auténtica. Auténtico resulta ser sinónimo de poderoso.
La naturaleza es asesina. No existe un lugar adecuado para nacer en el mundo y fuera del mundo los embarazos están suspendidos. Las dudas son verdes.
No deja de ser imposible dormir sin soñar con el fin del sueño, porque cada día el tiempo pesa menos. La historia se reduce a una estampa deteriorada donde podía leerse el futuro. Hace unas horas, por cierto, los ritmos pasaron de moda.
3.06.2003
Ver-des-pensamientos
Si las personas y los animales irracionales no comieran carne, quizás existiría una hambrienta y numerosa variedad de plantas asesinas. Además de las que ya hay (que sólo ingieren insectos y otros organismos para complementar su alimentación, apoyada principalmente en la luz del sol), pudiese haber otras formas de vida vegetal aptas para comer carne y al acecho, además, de cualquier ser vivo circundante.
En tales circunstancias, tal vez los seres humanos encontrarían alimento en la luminosidad solar; y los demás animales, en el aire o en el agua. Seguramente entre éstos y aquéllos no hubiera crimen ni confrontaciones, aunque tampoco plena convivencia. Pero, de cualquier manera, algo tuviese que ejercer cierto control sobre la multiplicación de las especies, algo probablemente similar a lo que Otto Binder (con el seudónimo de Gordon A. Giles) describe en el libro The Killer Plants and Other Stories (1974)
Sin embargo, de existir criaturas similares a las que propone el autor norteamericano, la similitud ha de radicar en la necesidad de comer carne; no en la intención de matar. La Naturaleza no mata, nada más, por matar; lo hace por simple casualidad o debido a necesidades de conservación. El Hombre y otras presencias como los perros, en cambio, asesinan muchas veces por placer o inclusive a causa de una curiosidad extrema; mas no por necesidad.
Afortunadamente, las plantas no tienen capacidad para pensar en asesinato. Aquellas que matan, incluso las de trampa activa (mismas que además de moverse para comer --en sí mismas, claro está--, se mueven para atrapar) llevan a cabo su crimen sin saber que están acabando con la vida de otro organismo; lo realizan con inocencia y con el único propósito de alimentarse. De hecho, si las plantas pensaran a plenitud, quizá en el planeta no habría actualmente cuerpo viviente alguno que no fuera planta.
Si las personas y los animales irracionales no comieran carne, quizás existiría una hambrienta y numerosa variedad de plantas asesinas. Además de las que ya hay (que sólo ingieren insectos y otros organismos para complementar su alimentación, apoyada principalmente en la luz del sol), pudiese haber otras formas de vida vegetal aptas para comer carne y al acecho, además, de cualquier ser vivo circundante.
En tales circunstancias, tal vez los seres humanos encontrarían alimento en la luminosidad solar; y los demás animales, en el aire o en el agua. Seguramente entre éstos y aquéllos no hubiera crimen ni confrontaciones, aunque tampoco plena convivencia. Pero, de cualquier manera, algo tuviese que ejercer cierto control sobre la multiplicación de las especies, algo probablemente similar a lo que Otto Binder (con el seudónimo de Gordon A. Giles) describe en el libro The Killer Plants and Other Stories (1974)
Sin embargo, de existir criaturas similares a las que propone el autor norteamericano, la similitud ha de radicar en la necesidad de comer carne; no en la intención de matar. La Naturaleza no mata, nada más, por matar; lo hace por simple casualidad o debido a necesidades de conservación. El Hombre y otras presencias como los perros, en cambio, asesinan muchas veces por placer o inclusive a causa de una curiosidad extrema; mas no por necesidad.
Afortunadamente, las plantas no tienen capacidad para pensar en asesinato. Aquellas que matan, incluso las de trampa activa (mismas que además de moverse para comer --en sí mismas, claro está--, se mueven para atrapar) llevan a cabo su crimen sin saber que están acabando con la vida de otro organismo; lo realizan con inocencia y con el único propósito de alimentarse. De hecho, si las plantas pensaran a plenitud, quizá en el planeta no habría actualmente cuerpo viviente alguno que no fuera planta.