2.25.2003

De lagartos y dinosaurios

Después de ausentarse durante tres décadas, regresa el grupo The doors. John Densmore no vuelve. Krieger y Manzarek ya están trabajando en algunas canciones.

De quien sustituye al baterista no se habla mucho. Sobre el cantante que tomará el lugar de Jim Morrison es posible decir que tiene cierta experiencia.

Ian Astbury lleva más de veinte años cantando profesionalmente. De voz muy diferente a la de Morrison (aunque un tanto parecida en cuanto profundidad), el vocalista inglés actualmente se encuentra preparando con el resto de la agrupación californiana el repertorio próximo a escucharse.

Al parecer, el ex vocalista de "The Southern Death Cult" y "Death Cult", y quien de vez en cuando canta todavía con "The Cult" (al menos, en 2002 se presentaron en San Diego), entonará puros temas de los "...doors" originales. Este factor es quizá lo único que paralelamente a la música puede llegar a hacer ruido.

No hay duda de que Astbury, Krieger y Manzarek cuentan con bases sólidas para formar parte de una banda armonizada; sin embargo, si se dedican definitivamente a interpretar lo que ya cantó el Rey Lagarto (como Morrison se autonombraba), corren el riesgo de no durar mucho juntos, porque tarde o temprano el público pudiera cansarse de escuchar siempre lo mismo.

Hay que tomar en cuenta que varios artistas y grupos (como Echo and the Bunnymen, William Burroughs y el propio Ian Astbury) ya han interpretado obra del cuarteto angelino.

Sería interesante saber qué ofrece The doors en el siglo XXI, además de lo que ya ofreció en el XX. Letras y melodías nuevas... Eso debiera ofrecer. Lo que ya se conoce es bastante armónico, pero también es bastante conocido.

2.20.2003

Descomposición occidental

Música hecha para no sobresalir sino para ambientar, la ecualización musical (esa falsa depuración rítmica de la cual ya han hablado autores como Jose Jorge de Carvalho y Néstor García Canclini) se puede apreciar muy bien en múltiples fondos musicales de películas. La música ecualizada (en términos estilísticos) tiene que ver con una interpretación ligera de un ritmo periférico, esto es, de un ritmo originado fuera de las capitales del mundo y sus dominios, un ritmo tan distinto como distante.

La ecualización elimina lo que para la gente capitalista pudiera ser áspero. Viene siendo un filtro. Presenta lo típico, eliminando lo extraño. Borra el sentido de la realidad. Se opone a los detalles, a las particuaridades. Todo eso que surge del fondo de la máxima espontaneidad de los músicos periféricos no está en la música ecualizada. En ella sólo lo más representativo cabe. Es música desarraigada.

El disco "Frida, music from the motion picture" constituye un buen ejemplo de ecualización: música mexicana en acción, pero en acción norteamericana; material en vías de desarrollo editado por capitalistas. Incluye piezas tradicionales, como "La llorona" interpretada por Chavela Vargas, y composiciones instrumentales hechas especialmente (por Elliot Goldenthal) para el filme, que protagoniza Salma Hayek en el papel de Frida Kahlo.

Con respecto a las canciones tradicionales, no es posible hablar ampliamente de ecualización, puesto que son originalmente mexicanas. En este contexto, sólo el repertorio que integran se antoja ecualizado. Por otro lado, es probable que algunas de ellas hayan sido seleccionadas, entre otros aspectos, debido a que en algo reflejan el espíritu de Frida Kahlo. Por ejemplo, "La llorona", con la grave voz de Vargas, proyecta el tipo de masculinidad patente en el rostro de Kahlo.

La ecualización (plena) se percibe en el aporte de Goldenthal: una serie de piezas mestizas cargadas de dramáticos rasgueos; una conjugación de flamenco y música ranchera, de corte suave y "emocionante", así como provista de algunos pasajes estilo teatro musical de Broadway. Era de esperarse: la ecualización no necesariamente se aplica a un solo género, puede involucrar varios (existe la "World Music ecualizada"), y en este caso, aborda los estilos más trillados que existen para hablar musicalmente de México.

De hecho, en cuestiones de ecualización, la banda sonora no ofrece novedad alguna. Además de que la película, en materia musical, se estanca por ecualizar estilos musicales en lugar resaltar la pureza de los mismos, presenta una ecualización trillada. No refresca las bases genéricas, las deteriora.


2.19.2003

Día

Las opciones no nada más están ahi... También incitan. Todo alrededor palpita. Cada partícula late a un mismo ritmo, aunque aportando una pulsación complementaria. El contorno no es como todos los días. Brilla, por encima de su esplendor diario. El esplendoroso significado de día ha cobrado amplitud ahora, al aludir a un tono luminoso extraordinario. No hay espacio para explicarlo. Sólo es posible refereir, en este sentido, que en una misma noción de día figuran todas las presencias conocidas y que cada presencia que circunstancialmente ocupa un lugar cercano en el contexto real, incita a asimilarla como la conjugación de todo lo que existe. El día palpita porque hoy todo es día.
A veces varias veces


--A veces me fumo un cigarro.

A veces es una expresión que, con todo y que verbalmente economiza o purifica, comienza a sonar anticuada. A veces se usa con el fin de variar la forma de emitir un mensaje. A veces llega a emplearse repetitivamente debido a que no hay mucho conocimiento con respecto a las múltiples maneras de decir "hay veces en que...", "en ocasiones..." o "de vez en cuando..." A veces no suena mal, aunque en un futuro no muy lejano sonará, más que anticuada, añeja (como ahora suena la palabra "allende", que sintetiza "más allá de" y la cual es legible, por ejemplo, en varios romances del siglo XV) A veces podría usarse menos. A veces no está de más, pero a veces viene sobrando.

2.15.2003

Los sueños nacen de la necesidad

Cuando algo es sumamente necesario, pero al mismo tiempo inalcanzable, se sueña. En este caso, el sueño cumple su función al máximo; es decir, funciona como lo que principalmente es: un sedante, un sedante natural. De esta manera, el sueño procede parcialmente como sustituto de aquello se necesita, proporcionando cierta tranquilidad (momentánea)

Hay un motor maravilloso, un motor psíquico, que aminora el dolor; esto es, que cumple funciones en casos extremos de carencia o necesidad, generando las más extraordinarias imágenes y sensaciones. Ese motor salva al necesitado, a los necesitados, a los seres desprotegidos, y por un momento abriga, siembra esperanzas. Gracias a esto, mucha gente es capaz de soportar el tortuoso peso de una vida plagada de necesidades (y en ocasiones eliminarlo).

Quien carece de alimento, lo sueña. Los náufragos sueñan con cierta firmeza territorial. El explorador perdido en el desierto alucina el camino de regreso a casa. Los encarcelados sueñan con ser libres y debido a esto algunos entienden el valor de la libertad (en cambio, una persona que nunca ha pisado una cárcel por lo regular no piensa en lo importante que resulta vivir en libertad ni en las ventajas que ésta suele dar con respecto a productividad)

La imagen onírica constituye una vitamina gratuita que brinda fuerzas para sobrevivir. Es una revelación, la revelación de que después de las devastaciones el mundo renace. En medio de la devastación surgen sueños maravillosos, sueños opuestos al contexto real, los cuales son como linternas o mapas, ya que (sorprendentemente) dan claves propias para la disolución de problemáticas reales.

Los sueños no son cualquier cosa, constituyen un factor básico para la supervivencia. Además, no dejan solo al ser vivo, lo han acompañado durante toda su existencia. Gracias a ellos (en parte), la humanidad vive aún. Gracias a ellos existen sobre la tierra bienes que le dan sentido a la existencia.

2.08.2003

El taxi sinfónico

Las velocidades en ciudad por lo regular son inestables. Es poco el tiempo que se mantienen en un mismo nivel. Los carros en cierto momento vuelan, pero también dejan de volar para arrastrarse. Inclusive, el peatón de las avenidas centrales constantemente debe modificar su ritmo, es decir, el ritmo de su paso, debido, por un lado, a sofocantes concentraciones de gente tratando de caminar sobre la banqueta, y, por otro, a los semáforos, que ocasionan muchos contratiempos. Los semáforos constituyen un problema, un fuerte dolor de cabeza; al igual que las ciudades, cuando confunden o desorientan.

Resulta que el autor (aplausos), un mísero individuo que se ruboriza al hablar de sí mismo, abordó hace unos días una unidad colectiva, como lo hace, de hecho, cada mañana entre semana.

Iba en el extremo trasero, de espaldas al resto de los pasajeros y al conductor; dicho con otras palabras, de frente a quienes ocupaban los carros enfilados detrás del taxi (claxons)

El calor invernal hacía de las suyas. Sí, el calor invernal; las estaciones han intercambiado papeles y en verano, además, el agua de mar estará congelada; basta leer los periódicos para saberlo. En fin, el cálido clima que ofrece este invierno derritió un poco las ruedas de los autos --el medio ambiente obsequiaba un olor a llanta quemada--, motivo por el cual el tránsito entró en un estado de lentitud insoportable. Sin embargo, cuando ardían las pestañas, cuando la histeria estaba punto de manifestarse, fue inesperadamente posible percibir cierta sonoridad encantadora, una serie sonora de cíclicos movimientos.

Con respecto a valor musical, los distintos sonidos ascendían paulatinamente, llegaban a un grado culminante, descendían y se iban. Luego de unos segundos resurgían, desarrollándose siempre de manera similar. Por cierto, eran sonidos metálicos: sonidos metálicos y armoniosos, una obra maestra, adentro de un taxi.

Al escuchar la pregunta que hizo este imprudente redactor, los demás viajeros guardaron silencio y el taxista exclamó "qué".

--...que cómo se llama la pieza
--?La qué?
--La pieza, la canción o lo que sea.

La gente reanudó conversaciones. El conductor meneó la cabeza en señal de desaprobación. No se trataba de música alguna. Era el sonido del motor --del destartalado motor-- lo que en realidad sonaba. Conforme el taxista oprimía el acelerador, la máquina generaba una deliciosa sinfonía urbana; una sinfonía dependiente, claro está, de los tramos recorridos por el vehículo de un semáforo en verde fresco a otro en luz roja. El aumento y la disminución de velocidad que este tipo de recorrido implica sonaron como si sonara una orquesta.

Aquel colectivo era especial (violines), el colectivo sinfónico, el taxi sinfónico; y el hecho de que en su interior se creyó estar escuchando una composición sinfónica, --aunque pueda pensarse lo contrario-- no tuvo que ver con quien experimentó la sensación, sino simplemente con el automóvil. Lo que sonó fue musical, a pesar de su naturaleza impersonal. Dentro de aquel taxi, por unos momentos, la calle fue música.

El taxi sinfónico

2.06.2003

Con-textos narrativos

Deja de haber documentos y es necesario inventar una trama, producir contenido, confeccionar un mundo que permita de alguna u otra manera vivir entre líneas. Cuando no existe qué leer, cuando no hay a la mano un texto desconocido, surge la necesidad de llevar a cabo una composición verbal; para no perder contacto con el reino de las voces (el polo de lo verdaderamente improcedente), donde existen seres ideales, donde cobran presencia entidades universales.

Ahí resulta posible encontrar una forma de vida, una manera de no dejar de crecer. En tal dimensión cualquier cosa puede ocurrir; inclusive, la trama de los libros continúa en desarrollo (es decir, sucede más de lo que los textos dicen) Pero para entrar en ella, para penetrar dicho plano, hay que poner la imaginación en funcionamiento; es lo único que se requiere.

No todo es percepción. Si existe un gusto desaforado por las historias y en cierto momento es imposible apreciarlas, termina siendo válido construir una, con el fin de que una vez hecha, haya algo que apreciar; en lugar de esperar a que aparezca alguna (de autoría ajena) por insistencia o por casualidad. El tiempo que podría emplearse en buscar un libro de cuentos o una novela se puede dedicar por lo menos a escribir un cuento o un capítulo narrativo. De todos modos, los libros van y vienen y es imposible leerlos todos.

Lo importante es el relato. Lo importante tiene que ver con existir dentro de los con-textos narrativos, donde nada es aburrido y las emociones explotan. En este sentido, hacer un relato o solamente apreciarlo es lo de menos; ante todo, importa asimilar su sentido, asimilar el sentido de los productos textuales. Hay que tener en cuenta que las palabras alargan la vida.

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